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La Intrépida responde al timón y, al hinchar el viento sus velas, empieza a despegarse del primer acorazado. Tus esperanzas aumentan, pero se desvanecen pronto cuando una sacudida estremece la cubierta y el barco retrocede hacia el buque enemigo. Entonces ves por qué no podéis escapar.
-¡Davan! ¡Rápido, haz que tus hombres corten las cuerdas de los arpeos de abordaje! -gritas.
Inmediatamente insta a sus hombres a que lleven a cabo tu orden. Ansiosamente miras como el segundo acorazado se acerca a la popa a gran velocidad. Las cuerdas se cortan pronto y sientes como la carabela vira en redondo, pero la nave enemiga casi está encima de vosotros, y su cubierta está repleta de más soldados, listos para abordaros. De repente choca contra la popa, y la sacudida te derriba. Un chirrido estridente de metal y el crujido de la madera al astillarse inundan el aire, pero el barco pronto se endereza y puedes recuperar el mando del timón. A pesar de la sacudida del impacto y del ruido tan espantoso, la nave enemiga tan sólo ha rozado la proa, y por escasos metros no ha alcanzado el timón con su espolón de acero. El acorazado pasa raspando el costado de la Intrépida antes de virar envuelto en una nube de sucio humo amarillo.
La tripulación grita de alegría y los infantes de marina Drakkarim vacilan cuando ven que sus barcos se alejan hacia la popa. La lucha a bordo se inclina a vuestro favor. Davan y sus hombres aprovechan la ventaja, y tú tienes la seguridad de que la Intrépida logrará escapar con éxito a lo largo de la costa.
Al cabo de unos minutos, tus esperanzas se ven nuevamente frustradas por un ataque inesperado.
