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Cuando caes sobre el Drakkar, le haces una llave de cabeza y lo derribas de su montura. La fuerza de tu ataque le retuerce el cuello y oyes un crujido seco justo un momento antes de que los dos caigáis a tierra. Rápidamente te recuperas de la caída, sacas tu arma y saltas sobre el guerrero, que está tendido boca abajo, antes de que pueda incorporarse. Pero enseguida descubres que ya no es ninguna amenaza: tu ataque le rompió el cuello y ya estaba muerto antes de que su cuerpo impactase contra el suelo.
