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Los dos vassagonios desenvainan sus espadas, de hoja estrecha como la de un estoque, y se dirigen hacia ti, ocultando su alivio por no ser más el blanco de la ira de Kraagenskûl. El Señor de la Oscuridad les ordena que se detengan y te exige que entres en el círculo de pilares ardientes y expliques tu intrusión. Percibes que no ha descubierto tu verdadera identidad, que sus habilidades psíquicas son solamente destructivas y que, de momento, tu disfraz de Drakkar lo está engañando.
-Vengo del ejército victorioso del Señor de la Oscuridad Xog, conquistador de Cloeasia, para transmitirle una información vital, oh, Gran Señor de la Oscuridad -dices servilmente.
Hablas mitad en vassagonio y mitad en giak para mantener tu engaño.
-Hay un traidor en su corte. Ha intentado comunicarse con el enemigo, para advertirle de lo que está construyéndose en Argazad. Yo sé quién es y tengo pruebas de su traición.
-¡Habla! -te ordena Kraagenskûl-. ¡Habla o muere!
-Hablaré, oh, Invencible Señor de la Muerte y de la Ruina, pero pido su confianza. ¿No podemos hablar en privado?
Lanzas una mirada acusadora a los dos vassagonios, y estos te la devuelven con miedo y odio ardiendo en sus ojos.
-¡Dejadnos! -gruñe Kraagenskûl, apuntando a las escaleras con su negra hoja-, pero no os vayáis más allá del vestíbulo y no nos perturbéis hasta que os requiera.
A regañadientes, los vassagonios se marchan, con la cabeza inclinada en señal de reverencia, pero con los ojos todavía clavados asesinamente en ti.
