Los Señores de la Oscuridad

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Conteniendo el aliento, desenvainas tu arma y te agazapas contra la pared del acantilado. Planeas coger por sorpresa a los Giaks que se aproximan, abrirte paso a golpes entre ellos hacia la cumbre y escapar antes de que tus perseguidores puedan atraparte. Se trata de una audaz maniobra, pero no tienes en cuenta la cruel astucia ni la aguda visión nocturna del comandante Giak. Desde su posición en lo alto del acantilado, observa tus movimientos.

-¡Koga! -grita, y los dos equipos de búsqueda se detienen-. ¡Dulaga zaj!

De repente oyes un sonido como el de un torrente de agua, y un terrible dolor te desgarra el pecho cuando eres atravesado por una lluvia de flechas negras, lanzadas por arqueros Giaks desde el borde del acantilado. Una terrible sensación de entumecimiento recorre todo tu cuerpo y hace que te cueste respirar. Aunque luchas por permanecer en pie, ya no eres capaz de sentir las piernas. La rigidez se apodera de ti, caes desde el sendero y te precipitas hacia tu muerte en las rocas de la playa.

Tu vida y tu misión acaban en la costa de las Tierras Oscuras.

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