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Apenas hace una hora que es de día cuando de repente empieza a oscurecer. Un manto de nubes negras se extiende por el cielo, sobrevolando una flotante atmósfera de gases nocivos que se difunden desde las grietas y cráteres de los yermos del sur. Violentas tormentas eléctricas estallan en esa atmósfera y un estruendoso retumbar, como el gruñido de un gigante enfadado que ha sido despertado, resuena en las entrañas de esta tierra muerta.
Una rojez en las nubes se hace cada vez más intensa a medida que el Zlanbeast vuela hacia el oeste. Inunda el horizonte, y tu pulso se acelera cuando te das cuenta de que el Nengud-kor-Adez, el abismo de fuego que rodea Helgedad, es la fuente de la luz de color escarlata. Corriges el rumbo, dirigiendo el Zlanbeast hacia el norte, y después de unos minutos divisas por primera vez Aarnak.
Es un espectáculo imponente, una masa de edificios grandes de acero agrupados al azar alrededor de la boca de un estuario glacial y rodeados por un anillo defensivo de terraplenes rematados con pinchos. Todo parece estar corroído por el óxido, agravado por las nubes de vapor corrosivo que se levantan de los riachuelos de agua negra que cruzan la tierra. Te parece un lugar inhabitable, aunque sus calles oscuras están atestadas de miles de criaturas de piel grisácea que tiran o empujan grandes carretas de hierro llenas de mineral. Mientras el Zlanbeast se aproxima velozmente a la ciudad, buscas un lugar apropiado donde aterrizar.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Arte de Cazar y has alcanzado el rango del Magnakai de Principal u otro superior, pasa al 127.
Si no posees esa habilidad o aún no has alcanzado ese nivel de adiestramiento del Magnakai, pasa al 301.
