Prisioneros del Tiempo

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Entre los brazos musculosos de un guardia Yoacor yace el cuerpo horrible y encanijado del Observador. Arrugado y verdoso, no es mayor que un niño y, sin embargo, su cabeza bulbosa resulta enorme en comparación, mayor incluso que la del gigante que le sostiene. Se mece y agita repulsivamente cuando clava en ti sus ojos. A la luz parpadeante de la cámara, esos dos globos negros e inexpresivos relucen como gemas. Su fría agudeza revela la inteligencia del ser que se halla aprisionado en un cuerpo tan desmedrado.

ilustración

-No temas, humano -dice en un idioma semejante a tu lengua nativa-. No pienso hacerte daño. Mi apariencia no resulta agradable a los de tu especie, pero aquí, en el Daziarn, has de estar preparado para desdeñar las apariencias si quieres conocer la verdad.

Con un lánguido guiño despide al jefe Yoacor y a sus guardias, a quienes observa como un padre cariñoso mientras descienden por la escalera de caracol.

Si posees la Disciplina del Magnakai de Adivinación, pasa al 291.

Si no tienes esa destreza, pasa al 152.

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