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El batidor extrae de tu guerrera el Sello de Obsidiana y lo estudia con gran atención.
-Muy bien -dice, satisfecho de que seas el que habían venido a escoltar-, te conduciremos a presencia de Lorkon Corazón de Hierro.
Se guarda el Sello de Obsidiana (borra este Objeto Especial de tu Carta de Acción) y te hace señas de que te acerques a su extraño e hirsuto corcel.
Cabalgas a la grupa y, sin embargo, cómodo gracias a la peluda piel del animal, que corre como un purasangre por el tortuoso camino de la colina. Pasan a tu lado los troncos de los árboles, confusa masa parda y grisácea, y desaparecen poco a poco las colinas. Avanzas ahora por un espeso bosque. Los batidores abandonan el camino por un estrecho sendero que penetra cada vez más en la majestuosa selva. Reducen su marcha porque ahora, en territorio familiar, se sienten más seguros. Pronto llegáis a un calvero. Aquí acampan centenares de soldados meledorianos en el perímetro que delimitan un terraplén y troncos de árboles. En torno patrullan los centinelas. Se muestran atentos y nerviosos y sus ojos escrutan todas las sombras. Una barricada de troncos aserrados protege la única entrada. En el centro del campamento de tiendas se alza una pequeña cabaña de madera ante cuya puerta detienen sus corceles los batidores. Desmontan al punto y te introducen a presencia de su jefe.
