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Recurres a tu capacidad psíquica para sumirte en un estado de trance profundo en el que consigues separar tu espíritu de tu cuerpo y vagar fuera de tu forma física. Como en sueños, viajas impulsado tan sólo por la fuerza de tu voluntad. Tu cuerpo astral se halla desnudo y, aunque no parece diferente en forma, posee una ligereza mágica, es translúcido e impalpable. Completamente fascinado, observas tu cuerpo mortal, viéndote por vez primera como te ven los demás.
Tu entorno es el mismo, pero ha desaparecido toda sensación de limitación. Te acercas a la puerta y pasas tu mano a través del platino sin hallar obstrucción. Así llegas al pasillo que se extiende más allá. Embriagado por el poder que acabas de descubrir, te aventuras por todos los rincones de la torre, sus pasadizos, escaleras y estancias. Pero es poco lo que descubres que pueda contribuir a tu fuga física. La torre sólo cuenta con una salida y está vigilada por una docena de guardias Yoacors muy bien armados. Te encuentras a punto de pasar a través de ellos y de proseguir por la ciudad cuando adviertes que tus fuerzas se debilitan. Ha llegado el momento de retornar a tu cuerpo físico. Vuelves al punto a la estancia de la torre mientras aún tienes energía suficiente para andar y reingresas en tu yo mortal.
Reunidos tus dos cuerpos, puedes despertar del trance. Sientes un frío y un cansancio extraños (pierdes 2 puntos de RESISTENCIA), pero recuerdas muy bien todos los detalles de tu experiencia psíquica.
Si deseas explorar la estancia aneja, pasa al 170.
Si optas por permanecer en esta habitación, pasa al 219.
