Prisioneros del Tiempo

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La escalera conduce a un pasadizo con acceso a la calle a través de unas trampillas engoznadas de piedra. Te remontas a una de éstas y sales a una esquina sombría.

Pocos son los que encuentras en las tenebrosas calles de Haagadar; la atmósfera se halla tan cargada de olor a sal y azufre que los que se cruzan contigo son irreconocibles tras húmedos paños con que cubren sus caras para protegerse del hedor. Esta vía escasamente iluminada concluye en una plaza mayor en donde percibes dos imágenes alentadoras. Atada a un monolito de piedra en el centro de la plaza hay un ave negra y grande, el corcel alado del guerrero escarlata. Detrás, en terrazas sucesivas, se alza el templo de los Sandais. Dos seres revestidos de armadura montan guardia ante la entrada, adaptados toscamente sus cascos enmohecidos para sujetar los paños. Sientes que aquí, en el interior del templo, se halla la Piedra de la Ciencia y lo estudias con mucha atención con la esperanza de hallar una entrada sin centinelas. No hay otras puertas, pero del centro de la terraza superior se alza una chimenea circular.

Si decides subir a lo alto del templo y tratar de penetrar por la chimenea, pasa al 217.

Si prefieres cubrir tu rostro e intentar cruzar ante los guardianes, pasa al 38.

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