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La luz que portas ilumina las abruptas paredes rojas de un estrecho corredor formado por una violenta contracción del terreno. Desciendes con cautela, cuidando de evitar los baches que abundan en el piso desigual. Al cabo de un tiempo penetras en una angosta caverna. En aquel momento llegan de la fisura los ruidos más horrísonos y el suelo tiembla de repente bajo tus pies. Entonces te derriba un alud de arena y guijarros, absorbido fuera de la caverna por el torbellino que ahora tienes encima. Pronto concluye su agitación, pero, cuando logras incorporarte, adviertes que no te hallas solo.
