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Cautelosamente penetras por la abertura y sigues a Serocca hasta una cámara de alta cúpula sostenida por un círculo de columnas de mármol de vetas rosadas. En su centro hay una ancha mesa sobre la que cae desde el techo un haz de luz que se refleja y refracta en su superficie de mosaicos cristalinos, bañando los muros con colores espectrales. Te invita a sentarte ante la mesa y cuando ella se acomoda elegantemente en el asiento opuesto, no puedes por menos de admirar su belleza. Su cara tiene los rasgos felinos de una leona joven, pero sus ojos y su cuerpo juvenil son claramente humanos, salvo por el suave y aterciopelado vello que cubre su piel. Porta un aura de poder y seguridad y, sin embargo, al mismo tiempo se te antoja vulnerable y triste.
-¿Cómo sabes mi nombre? -preguntas, ligeramente turbado por la familiaridad con la que te ha introducido en su cámara.
-Es mucho lo que sé de ti -replica sinceramente; y en aquel instante sientes que te hallas en presencia de un ser sobrenatural-. Tu tierra y tu lucha contra las fuerzas de la oscuridad que amenazan conquistarla son sólo una parte de la pugna que se libra en todos los Planos de la Existencia. Mas es en tu mundo y en tu combate en donde se concentra este conflicto entre las fuerzas del Bien y del Mal.
Hace una pausa y luego, mirándote fijamente a los ojos, añade:
-De ti depende el futuro de todos nosotros.
Sorprendido por la magnitud de semejante declaración, niegas con la cabeza.
-¡No! ¿Cómo sería posible eso? -respondes incrédulo.
-Hay quienes intentan influir en el destino y quienes son designados por el destino. Y a ti, Lobo Solitario, te ha elegido el destino y no puedes negarte porque te obligará.
-Pero ¿cómo es posible que me haya convertido en el centro de semejante lucha?
-Todos formamos parte de eso -afirma-. Los mundos de Aon y del Daziarn se hallan modelados por las acciones de quienes allí viven. Sin embargo, ha llegado el tiempo de que las acciones de un solo individuo definan el futuro de ambos mundos. Tú eres ése, Lobo Solitario, y tus hechos se hallan llamados a determinar el futuro de todo ser vivo.
-Pero ¿y si rechazo ese designio? -inquieres, nervioso-. ¿Qué será entonces del futuro?
-No puedes negarte -responde quedamente-, porque todo lo que hagas se halla ligado a tu destino. ¿O es que vas a renunciar a tu promesa de terminar la búsqueda del Magnakai y restaurar el Kai? ¿Abandonarás a tu tierra y su seguridad futura? ¿Dejarás Magnamund entregada a la maldad de los Señores de la Oscuridad? No, por obra de tu misma naturaleza, por tu honor y tu valor, actuarás de nuestro lado.
-¿Qué debo entonces hacer? -preguntas.
-Lo que siempre hiciste. Tienes que escuchar las palabras de quienes te ayudarán y debes permitir que te guíen tus destrezas y tu instinto.
Se inclina hacia adelante y pasa lentamente sus manos por la superficie de la mesa. Mengua la luz y surgen unas formas en los pequeños fragmentos de cristal.
-Observa y aprende -declara-, porque las imágenes transmiten un conocimiento que te servirá en la búsqueda de las Piedras de la Ciencia de tus antepasados.

