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De repente las ruedas se atascan en un hondo surco y el carro salta hacia adelante, lanzándote al barro de la orilla del río. Aturdido y cegado por el impacto, no adviertes que los onipas se han liberado de su atalaje y corren por la margen hacia ti hasta que es demasiado tarde para apartarte. El dolor estalla en tu cabeza cuando sus férreos cascos descienden sobre ti como una lluvia de martillos. Sufres heridas terribles, pero la muerte, piadosa, llega muy pronto.
Tu vida y tu búsqueda acaban de un modo trágico aquí, en Vhozada.
