Prisioneros del Tiempo

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La visión de tu creador se quiebra con una celeridad fulminante y, sin advertencia previa, caes hacia adelante y te precipitas entre espesas nubes. La sensación pavorosa de este rápido descenso te deja sin aliento, pero al shock inicial pronto sucede la certeza serena de que tu caída es controlada por manos invisibles. Luego, como si despertases de un sueño, te tornas consciente de la desaparición de las nubes y percibes satisfecho un suelo firme bajo tus pies.

[ilustración]

Te hallas al pie de un enorme acantilado de piedra arenisca cuya pared está agujereada y erosionada por terribles vientos que azotan este rocoso paraje. A lo alto del farallón se asoma una urbe amurallada. Reconoces inmediatamente su hosco perfil y la puerta del dragón. Es Haagadar, la ciudad perdida de los Sandais. Contemplas la fortaleza, pensando en la casi imposible ascensión hasta la puerta, y tratas de reprimir tu creciente temor. Cerca distingues un hediondo arroyo. Lo sigues aguas arriba y descubres que parte de una verja en la pared. Debe de ser un albañal de la urbe.

Si deseas entrar en la ciudad por la alcantarilla, pasa al 140.

Si prefieres intentar la escalada de la pared, barrida por el viento, hasta alcanzar la puerta, pasa al 244.

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