Prisioneros del Tiempo

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Algo enorme y mortal avanza hacia Tolakos. El suelo tiembla a su paso y el aire rebosa de los sonidos de una inmensa destrucción. Los chasquidos y crujidos de árboles abatidos y los terribles gruñidos de una bestia gigantesca parecen cada vez más próximos y sumen en el terror a muchos soldados de Lorkon. Desesperadamente, su jefe trata de reagruparlos, pero su voz queda ahogada por el horrísono estruendo.

De repente surge una oquedad en la linde del bosque cuando, al parecer sin esfuerzo, dos manos monstruosas apartan un par de grandes árboles. Un pánico morboso se apodera de los meledorianos y pocos son los que no huyen cuando distinguen a diez metros del suelo el rostro horrible del Señor del Caos. Contemplas su cuerpo enorme y desnudo y estás a punto de desfallecer ante lo que ves. Sus rasgos se hallan en un proceso constante de transformación; se disuelven, funden y cobran formas todavía más horribles. Sólo Lorkon parece impávido ante tan horrible visión; alza su espada y desafía a combate singular al malvado ser. Pero a sus palabras responde un aullido burlón.

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-¿Quieres desafiar a un dios? -dice sarcástico y tonante el Señor del Caos.

Lorkon no parece inmutarse y repite su reto. El Señor del Caos lanza una carcajada.

-¡Pues bien, comencemos! -declara-. Aunque no durará mucho el combate, me complacerá matar a alguien tan estúpido como tú, Lorkon.

Con aterradora facilidad el Señor del Caos arranca un árbol, siega las ramas con el canto de su mano y luego lo empuña como un descomunal garrote. Se adelanta, acosando a Lorkon en un terrible juego del gato y del ratón que deja un rastro de destrucción allá por donde van. El meledoriano fía en su suerte y en la ligereza de sus pies para sustraerse a los abrumadores golpes, pero su fortuna y su destreza no son eternas. Resbala y cae junto al muro de la cripta en cuya terraza te hallas. El Señor del Caos ruge satisfecho y se adelanta, alzado su garrote para transformar a Lorkon en una pulpa irreconocible. Sus inmensos hombros llegan a la altura del parapeto y cuando se afirma para asestar el golpe de gracia se coloca a tu alcance.

Si posees la Sommerswerd, pasa al 341.

Si posees el Espadón de Corazón de Hierro, pasa al 204.

Si no posees ninguno de esos Objetos Especiales, pasa al 111.

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