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Tiras de una palanca y la escotilla circular cruje hasta abrirse. Un haz de luz grisácea cubre tu cabeza y tus hombros. Tus sentidos arden de impaciencia. Te aferras al borde y comienzas a izarte por el agujero, pero te envuelven una negra sombra y un frío viento, que te hacen vacilar y caer por la escalera. Oyes un terrible estallido, como el seco retumbar de un trueno, y luego resuena por todo el bosque un terrible grito de agonía. Eres presa del pánico y de la ira al comprender que acabas de escuchar el alarido de muerte de Odel, tu guía. Rabioso, te alzas por la abertura y alcanzas el tejado en donde te aguardan las Piedras de la Ciencia y un enemigo inesperado.
