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Ante ti se extiende hasta el brumoso horizonte un vasto mar de polvo pardo grisáceo. Es un panorama desolador: una tierra antaño rica y fértil, destrozada por la maldición del caos. Te infunde una sensación de terrible inseguridad, que crece a medida que avanzas fatigosamente kilómetro tras kilómetro entre peñascos, simas y matorrales secos, los únicos jalones en este desierto perdido. Pugnas por combatir tu creciente desesperación, extrayendo fuerzas de tu promesa de completar la búsqueda, porque el destino que sobrevino a Guakor será un día el de Sommerlund si no logras encontrar la última Piedra de la Ciencia y regresar para vencer a Gnaag, Señor de la Oscuridad.
Durante tu tercera detención para descansar percibes un ruido en el silencio del yermo. Procede de un grupo de altas peñas a tu izquierda. Inmediatamente te pones en pie y desenvainas un arma al tiempo que ves asomar por allí a un reptil enorme, pero extenuado.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Control Animal, pasa al 109.
Si no posees esa destreza, pasa al 227.
