Prisioneros del Tiempo

317

Una fuerte mano en tu hombro te arranca sin miramientos del sueño.

-El Observador requiere tu presencia -dice el jefe Yoacor, dando un paso hacia atrás mientras indica que te levantes-. Debes venir conmigo.

Junto con seis guardias, el jefe te escolta para salir de la torre, cruzar un patio pavimentado de pulido acero y penetrar en el vestíbulo de la ciudadela de cristal. Una soberbia escalera de caracol, tallada en una enorme y sólida masa de un mineral azul cielo que te es desconocido, se alza en el centro de esta fortaleza. La escalera asciende hacia el techo almenado en donde se halla la cámara del Observador.

Los Yoacors suben con agilidad y pugnas por no quedarte atrás. Cuentas 300 peldaños hasta llegar a un silencioso vestíbulo, una de cuyas paredes ocupa enteramente una enorme puerta de ébano macizo con incrustaciones de oro. Suena una campana y, mientras recobras el aliento y aguardas a que se abra la puerta, reflexionas sobre quién podrá ser el Observador. Te imaginas un rey guerrero Yoacor, alto y fuerte, sabio e inteligente más allá de toda ponderación. Con esta imagen mental crece tu esperanza de que te ayude en tu búsqueda. Sin embargo, cuando se abre por fin la negra puerta, se esfuma tu esperanza. Al verle te sientes espantado.

Pasa al 93.

Project AonPrisioneros del Tiempo