Prisioneros del Tiempo

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Con un gesto de la mano Lorkon Corazón de Hierro despacha a los batidores y quedas a solas con él.

-Así que eres el aoniano por quien la señora Serocca quería que aplazara mi guerra contra el caos -dice sardónicamente, acercando una botella que contiene un vino de color rubí.

Llena dos copas y te ofrece una.

-Vamos a brindar por el éxito de tu búsqueda del tesoro -declara, alzando su copa.

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-Y por tu triunfo sobre el caos -añades diplomáticamente.

Te sonríe y saborea el amargo caldo mientras os observáis con reflexiva curiosidad. Tiene un rostro juvenil, de altos pómulos, angosta mandíbula y una nariz fina y aristocrática. Sus cabellos plateados asoman bajo el borde de su historiado casco cónico para extenderse por sus anchos hombros y un grueso manto escarlata. Pero lo que más te fascina son sus ojos porque rebosan una vieja sabiduría.

Hablas largo tiempo acerca de los acontecimientos que te han traído al bosque de Nahgoth en busca de la ayuda de Lorkon y por su parte se refiere a los peligros con que puedes enfrentarte en Tolakos.

Pasa al 80.

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