Prisioneros del Tiempo

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Tu dominio del dialecto y de los modismos los convence de que eres uno de los esbirros del señor de la ciudad. Lentamente se hacen a un lado, entre sonrisitas maliciosas, mientras cruzas la puerta del templo. Te vuelves y ves cómo uno pasa por su cuello un dedo verrugoso y oyes reír al otro.

Pasa al 195.

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