303
Te apartas del jefe de la banda y ruedas bajo un carro para evitar sus constantes ataques. Pero está resuelto a matarte y, lanzando un agudo chillido, se arroja contra tus piernas. Consigues evitarle y preparas tu arma, dispuesto a acometerle en cuanto se acerque de nuevo. La cara verdosa asoma entonces cerca de la rueda. Por un instante sus ojos rojizos te observan rabiosos hasta que de un golpe certero partes en dos su escamoso cuello.
