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Cuando la hoja penetra en su negro corazón, el Señor del Caos lanza un grito estremecedor, capaz de despertar a los muertos. Su enorme corpachón cobra rigidez y su piel se contrae y vibra, tornando imposible apreciar ningún detalle. Entonces se esfuma de repente hasta que todo lo que de él queda es el hedor penetrante de su sangre derramada.
