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-Tengo que explorar esta tumba -dices, contemplando fijamente la enorme puerta que domina la fachada grisazulada y esculpida del Sepulcro.
Odel frunce el ceño y atisba nervioso la neblina que se cierne en torno.
-Yo no puedo entrar -dice-. No soy de la sangre del clan. Si quieres cruzar esa puerta, habrás de ir solo.
Percibes que nada inducirá a Odel a vulnerar la ley del clan, mas ansías no perder a tan valioso guía.
-¿Me aguardarás aquí cuando penetre en el Gran Sepulcro? -preguntas, confiando en que accederá.
Reflexiona en silencio sobre lo que le pides.
-Sí -declara sin entusiasmo-. Pero explora aprisa. Los seres del caos se hallan cerca. Puedo sentirlo en mi sangre.
Intercambiáis unas adustas sonrisas y luego corres hacia la gran puerta entre la neblina que te envuelve hasta la altura de las rodillas.
