279
Con la agilidad de una pantera te separas de la pared, aferrándote a la cornisa con ambas manos, y te izas sobre el obstáculo. El resto de la ascensión es en comparación fácil y pronto llegas a lo alto y te ves a la sombra de la gran entrada del dragón. Una puerta de dos hojas con flejes de hierro brinda acceso a la ciudad. Nadie la guarda y, luego de penetrar, avanzas sin ser molestado por la calle de losas de piedra que se extiende más allá.
A pocos ves por las tenebrosas vías de Haagadar. Es tan intenso el olor a sal y azufre que aquellos con quienes te cruzas se muestran irreconocibles tras los paños húmedos con que protegen sus rostros del hedor. La calle, escasamente iluminada, concluye en una plaza mayor en la que te topas con dos visiones estimulantes. Atada a un monolito de piedra en el centro de la plaza hay un ave enorme y negra, la alada montura del guerrero escarlata. Detrás, ascendiendo en terrazas, se alza el templo de los Sandais. Dos seres revestidos de armaduras montan guardia ante la puerta. Sus enmohecidos cascos han sido toscamente adaptados para sostener los paños ante las caras. Percibes que la Piedra de la Ciencia se halla dentro del templo y exploras toda su superficie con la esperanza de descubrir una entrada que no esté vigilada. No hay más puertas, pero del centro de la terraza superior se eleva una chimenea circular.
Si decides subir a lo alto del templo y tratar de entrar por la chimenea, pasa al 217.
Si deseas cubrir tu rostro e intentar cruzar ante los guardias, pasa al 38.

