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Cuando te asomas al parapeto contemplas un espectáculo alentador. El ejército de Lorkon Corazón de Hierro penetra en Tolakos, transformando la necrópolis ocupada por los seres del caos en un terrible campo de batalla. A su cabeza avanza Lorkon, cubiertos de negra sangre el manto escarlata y la armadura plateada. Acomete al enemigo con una rapidez pasmosa y una precisión mortal. Ha dispuesto en una gran cuña a sus guerreros meledorianos, cuyas caras y armaduras lucen runas mágicas para ahuyentar a los seres del caos. Las unidades de los Agtahs se disuelven ante ellos como el hielo ante el fuego y huyen presa de pavor en busca de la seguridad del Nahgoth. Los meledorianos lanzan un sonoro clamor de victoria para acelerar la retirada del enemigo. Pero sus gritos de júbilo pronto se extinguen cuando les responde desde las profundidades del bosque un tonante bramido.

