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Tras este encuentro te detienes a descansar con menor frecuencia. Avanzas mecánicamente kilómetro tras kilómetro, sin reparar apenas en el paisaje muerto por el que discurres. La fatiga embota tus sentidos y no puedes recordar el momento exacto en que entraste en la Nada; es como un sueño, como si siempre hubieses estado aquí. A tus pies se arremolinan nubes que soportan tu peso. Flotas en un mar y en un cielo de luz grisácea sin horizonte ni fronteras, en una eternidad ilimitada de espacio. Percibes sonidos lejanos, como voces ahogadas, pero cuando tratas de entender lo que dicen se esfuman y no consigues captar las palabras.
Transcurre el tiempo y, sin embargo, carece de significación porque no puedes determinar el orden en que se suceden los acontecimientos. Del torbellino de nubes surgen tres esferas oscuras. Se aproximan, van y vienen hasta cobrar la forma de negros jinetes encapuchados sobre demoníacos corceles. Desde las sombras de sus cogullas te observan unas calaveras y distingues tus propios ojos reflejados en sus cuencas vacías.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Pantalla Psíquica, pasa al 190.
Si no posees esa destreza, pasa al 81.
