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Las imágenes ondulantes se concretan y ves ante ti extrañas escenas y los rostros de muchos seres desconocidos, humanos varios, bestiales otros y algunos que desafían toda descripción.
-Muchos de los acontecimientos que se han sucedido en tu mundo tienen su correspondencia en el Daziarn -dice Serocca mientras contemplas, cada vez más fascinado, la imagen de una batalla entre hombres y bestias-. También nosotros estamos amenazados por las fuerzas de la oscuridad. Triunfamos sobre la maldad hace muchas eras, pero nuestra victoria fue incompleta. Ahora ha sobrevenido nuestra propia Némesis bajo la apariencia del Señor del Caos. Por todas partes sus crecientes corrupciones penetran en los espléndidos reinos del Daziarn y destrozan y consumen cuanto tocan.
Se esfuma la visión de la batalla, reemplazada por un mapa vivo, semejante a las imágenes de luz que te mostró el Observador de Yanis.
-Estas son las comarcas que se extienden entre las fortalezas elementales de la Tierra y el Agua. Antaño esta región fue rica y estuvo poblada por las criaturas de la luz, pero ahora se encuentra asolada por el canceroso reino de la Paradoja. Sólo Vhozada y Meledor siguen resistiendo, las demás han desaparecido en la Nada o han sido transformadas en desérticos yermos. Aquí... -dice, señalando el centro de la mesa- está el bosque de Nahgoth, una vez el mejor de todos los nuestros; ahora se halla destrozado por los fermentos del caos. Y aquí, la planicie de Guakor, el reino más poderoso que haya conocido nunca el Daziarn, reducido a polvo por la plaga de los flamígeros Zhenghas.
Las lágrimas brotan de sus ojos y adviertes que la visión de Guakor ha despertado en ella dolorosos recuerdos.
Si deseas preguntar lo que le angustia, pasa al 288.
Si prefieres no ahondar su pena, pasa al 345.
