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La enorme bestia alada planea sobre tu escondrijo y describe dos círculos hasta que acaba desinteresándose de lo que sólo parece ser un montón de peñas grisáceas. Sin atreverte a mover un músculo aguardas hasta que ya no eres capaz de oír los batidos de sus alas. Entonces te pones en pie con los miembros entumecidos.
