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Penetras al instante y luego sigues por un pasillo que describe una amplia curva. A uno y otro lado hay una fila de puertas, cada una marcada con el símbolo de una serpiente. Las puertas se hallan invariablemente cerradas y en todos los cerrojos hay candados. Las ignoras y corres hacia una lejana escalera porque allí percibes con más intensidad la fuerza de la última de las Piedras de la Ciencia.
La escalera conduce a un balcón desde el que se domina una gran sala circular. El piso es de pulido mármol negriazulado, que reluce como las tranquilas aguas de un lago. En un extremo ves una mesa colosal, repleta de artefactos, pergaminos y muchas extrañas pociones y polvos que sugieren la práctica de la alquimia. En el otro extremo se alza un arco en cuya superficie están esculpidos diversos seres, muchos de los cuales suscitan en ti un profundo aborrecimiento. Bajo el arco reina una oscuridad completa. No penetra allí luz alguna ni nada se refleja en ese abismo tenebroso porque ésta es la Puerta de las Sombras, el paso a tu mundo nativo.
