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Por un momento sientes un frío temor cuando ves por vez primera la necrópolis de Tolakos. Un resplandor azulado, que brota de hongos bacterianos, ilumina la neblina surgida de tumbas y criptas de esta antigua necrópolis. Un muro que rodea los enterramientos contiene los torbellinos de vapor, aunque en algunos lugares los árboles han echado abajo las piedras enmohecidas. Con un arma aprestada sigues a Odel hacia uno de tales huecos junto al que se alza un gran mausoleo.
-Esta es la tumba de Sedron -murmura Odel, mientras franquea los cascotes y se acurruca junto a la pared húmeda y gris-. Aquí duerme el viejo Rey Kalon.
Saca de su bota uno de los cuchillos arrojadizos y con la punta señala diversos enterramientos de Tolakos.
-Esa es la cripta de Juilor. Más allá están las tumbas de los Fieles y allí el sarcófago de Baylon. El Señor del Caos y sus esbirros nos han mantenido lejos de aquí durante casi una generación, pero Lorkon está resuelto a arrebatarle este lugar y devolverle su gloria pasada. Cerca del centro se encuentra el Gran Sepulcro. Allí es donde son enterrados los del linaje de Corazón de Hierro.
Contemplas el fúnebre edificio y una poderosa sensación electrifica tu cuerpo. El Sepulcro es un monumento impresionante, pero lo que te conmueve no es el hosco esplendor de su construcción. Acabas de sentir que en algún lugar del Gran Sepulcro de Corazón de Hierro se hallan las dos últimas Piedras de la Ciencia, los objetos que has venido a buscar.
