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El grasiento cuerpo gris sólo está cubierto por un taparrabos de sucia piel animal, empapado de la sangre negra que mana de su herida. En una garra aferra la cerbatana, toscamente fabricada con el fémur de un meledoriano. Odel maldice al muerto y se alza, evidentemente trastornado por lo que ha visto. Sugiere que te dirijas inmediatamente a Tolakos.
