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Los fantasmas se disuelven en la bruma y una extraña serenidad aquieta tu torturada mente. Ahora se forman nuevas siluetas. Llenan toda tu visión con recuerdos de acontecimientos que tuvieron lugar hace muchísimo tiempo. Ves los rostros sonrientes de tu madre y de tu padre; la aldea de Dage, en donde viviste hasta ingresar en el monasterio del Kai; a tu hermana Kari, llamándote a cenar al final de un cálido día del estío; y la triste memoria de tu hermano Jen, que sacrificó su vida para salvar la tuya cuando al cumplir seis años resbalaste y caíste al río Tor.
Contemplas con asombro esta sucesión de retazos de recuerdos y lentamente cristaliza en tu mente su significado. Todas esas gentes y todos esos acontecimientos han desempeñado un papel, grande o pequeño, en la conformación de tu destino.
