Prisioneros del Tiempo

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Junto al Observador recorres un pasillo que conduce a una vasta galería circular. En su centro se alza una alta vasija acampanada, de un material transparente y semejante al vidrio y enteramente ocupada por una crepitante bola de fuego. Arroja un gran resplandor sobre algunos extraños instrumentos que hay contra las paredes y que cubren las mesas, pero despide escaso calor. Sigues adelante hasta llegar a otra galería, pavimentada con acero tan brillante como un gigantesco espejo. La cúpula se pierde entre sombras confusas, pero en su centro adviertes una pequeña abertura en forma de disco. El Observador mira hacia una fila de cristales empotrados en la pared que se encienden bajo sus órdenes psíquicas.

-Me llaman el Observador -dice con voz débil que resuena intensamente en el vacío de la cúpula-. Contemplo todo lo que vive en el Daziarn. Te vi llegar a la llanura de Zhamin y sé de dónde vienes. Tan pocos de los de tu especie sobreviven a esa transferencia que abandoné toda esperanza de encontrarte. Desde luego, si no te hubieses topado con una de mis partidas de caza, tus huesos blanquearían ya en las arenas de esa yerma planicie. Parece que eres un superviviente por naturaleza.

De repente aparece una ondulante columna de luz, proyectada del disco en el centro de la cúpula. Arroja sobre el centro de la galería su resplandor, que poco a poco se ensancha hasta abarcar todo el pavimento.

-Ven, observa y quizás entenderás la naturaleza de tu nuevo mundo, porque necesitarás adaptarte para sobrevivir aquí... el resto de tu existencia.

Pasa al 268.

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