Prisioneros del Tiempo

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Tu saeta pasa sobre su hombro y desaparece por encima del parapeto de la terraza. Profiere una risotada burlona mientras sus ojos gatunos relucen por las ranuras de su celada y a toda prisa guarda las Piedras de la Ciencia en un saquito sujeto al cinturón. Enfurecido por su risa, cuelgas de tu hombro el Arco y empuñas un arma, saltando hacia él para impedir que escape.

Pasa al 22.

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