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Vuelves a la primera estancia y observas la ciudad desde una alta ventana. Allá abajo puedes ver a los Yoacors que llenan una avenida orientada hacia uno de los niveles exteriores de Yanis. Se mueven de un modo tan resuelto que desde tan gran altura se asemejan a una vasta comunidad de hormigas obreras. Contemplas durante varias horas esta ciudad extraña y bella y a sus diligentes habitantes mientras tratas de poner en claro tu situación. Con el tiempo, decides averiguar cuanto puedas del que el jefe llamó «Observador». Tal vez sea capaz de ayudarte a localizar las Piedras de la Ciencia y a hallar un camino de regreso a Magnamund. Al final te echas a dormir.
