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T'uk T'ron da una palmada en el hombro al auriga. Inmediatamente éste tira de las riendas y baja una palanca que acciona los frenos. El carro se detiene en seco tras un chirrido. Los otros dos se paran también y los guardias saltan al suelo con piernas temblorosas tras horas de viaje por el sendero pedregoso. Están familiarizados con la aldea y sin titubeos se dirigen a una cabaña de tejado de bálago, un tanto apartada del camino.
Acompañas al capitán y al auriga hasta la cabaña y te agachas para cruzar la puerta, de altura acomodada a la talla de los Ookors. Los aldeanos parecen encantados de recibirte como invitado y se apresuran a obsequiarte con manjares y vino. Uno de ellos, una anciana de mirada simpática, se acerca a ti y coloca una baraja sobre la mesa.
-Es la pitonisa -dice T'uk T'ron-. ¿Quieres que te adivine el futuro?
Si deseas que te eche las cartas, pasa al 24.
Si prefieres rechazar cortésmente la oferta, pasa al 18.
