Prisioneros del Tiempo

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Lorkon te acompaña hasta la puerta de su morada y te desea buena suerte. Le das las gracias y te despides. Cuando estás a punto de partir, grita:

-Recuerda, marcharé hacia Tolakos tan pronto como lleguen mis refuerzos.

Sigues a Odel, salvando el terraplén, y rápidamente os confundís con las sombras de la espesura del bosque. Los gigantescos troncos sostienen un dosel de denso follaje que apenas deja pasar la luz y mantiene el suelo bañado en una perpetua penumbra. Una alfombra de musgo ahoga el sonido de vuestros pasos. Por todas partes crecen matas de un liquen aterciopelado sobre el que destacan unas protuberancias anaranjadas del tamaño de dientes.

-Son Esporas Jetu -dice Odel, al advertir tu interés por la extraña flora-. Mortalmente venenosas.

Si deseas recoger un puñado de esas Esporas, anótalas en tu Carta de Acción como un Objeto de la Mochila.

Pasa al 185.

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