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Pese a su tentativa de rehuir tu Flecha, ésta atraviesa la placa que cubre su mejilla y se le clava a dos centímetros bajo el ojo. Aúlla de dolor y se arranca la saeta de la cara. Su fortaleza es impresionante, pero estás seguro de que ha recibido una grave herida. Se apodera febrilmente de las Piedras de la Ciencia y las guarda en un saquito de terciopelo que cuelga de su cinturón. Al punto te echas al hombro el Arco, empuñas un arma y te precipitas hacia él para impedir que escape.
