Prisioneros del Tiempo

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Despiertas poco a poco y durante un breve espacio de tiempo, tendido sobre el duro suelo, observas soñoliento el pétreo techo irregular. La tormenta cesó mientras dormías y ahora todo estaría en silencio si no fuera por un sonido que acelera los latidos de tu corazón: el lejano batir de unas grandes alas. Cada vez se oye con más fuerza. Recoges tu equipo a toda prisa y sales del túmulo, dispuesto a averiguar de qué se trata.

Contra el horizonte ardiente se recortan seis negras siluetas. Parecen dragones de cuellos serpentinos y alas hendidas y semejantes a las de los murciélagos. En sus lomos llevan a unos seres de piel dorada, vagamente humanos en su apariencia salvo por su falta de pelo y su enorme tamaño. Por la formación que adoptan en vuelo puedes asegurar que cazan algo que hay en el suelo. Pero no distingues su presa hasta subir a lo alto del túmulo. Por la planicie corren un par de seres parecidos a lagartos, que se desvían hacia uno y otro lado para sustraerse a las sombras que arrojan sus alados perseguidores. Llegan a la cima de una loma pedregosa y uno de esos seres reptiloides y rojos se precipita por la arena en dirección al túmulo. El jinete que vuela en cabeza te descubre. Desvía su dragón hacia el montículo y los otros van tras él. Temes que estén a punto de atacarte, pero en el último momento viran, rodeando el túmulo antes de aterrizar cerca.

Pasa al 26.

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