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Los gritos de los defensores y el metálico punteo de los arcos de la vanguardia resuenan sobre el puente mientras corres hacia la puerta. Comienza a caer una lluvia de pedruscos que se estrellan en torno a ti con fuerza aterradora. Pero consigues esquivarlos y alcanzas ileso tu objetivo. Rápidamente te desembarazas de la bolsa, pones en marcha el cristal explosivo y retrocedes a la carrera, contando los segundos a cada paso. De súbito, una terrible sacudida te lanza hacia adelante y un dolor sordo corre por tu espalda. Una piedra te ha alcanzado en un omóplato y derribado al suelo; pierdes 4 puntos de RESISTENCIA.
En tu desesperación olvidas el dolor y trepas por el parapeto cuando sólo te queda un segundo.
