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El terreno al oeste de Cetza es llano y monótono y ofrece muy pocos lugares tras los que ocultar tu aproximación. Lentamente avanzas entre hierbas que te llegan a la rodilla hasta unos veinte metros de un puente de piedra, en donde el camino cruza una maloliente zanja y penetra en la población. Ahora todos tus movimientos son cautelosos, porque el puente está fortificado y a la luz de la luna ves relucir las cimeras de los negros cascos de los defensores enemigos. Te adelantas reptando, te deslizas en la zanja y luego hallas refugio bajo el puente de piedra. Con una mejilla pegada a la húmeda losa, aguzas el oído para percibir lo que dice el enemigo. Reconoces esa áspera y desagradable lengua, el giak, pero empleada por voces humanas. Los únicos seres humanos que la hablan con soltura son los miembros del cuerpo de élite de los drakkarim, los Caballeros de la Muerte.
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De repente oyes un sonoro impacto que acelera tu pulso. Ha caído un venablo cerca de donde te ocultas y el asta se alza entre las fangosas aguas. A una maldición sigue el ruido de pesadas botas cuando un airado Caballero de la Muerte acude a recuperar el arma que se le ha caído.
Si has completado el Círculo de la Ciencia de Solaris, pasa al 13.
Si no posees la maestría de ese Círculo de la Ciencia, elige un número de la Tabla de la Suerte. Si posees la Disciplina del Magnakai de Invisibilidad, añade 2 al número que hayas escogido.
Si tu total se halla ahora comprendido entre 0 y 6, pasa al 107.
Si es 7 o más, pasa al 338.

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