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La lluvia de flechas y tu aparición, vestido de negro, han inquietado sobremanera a los centinelas. Temen que sea el comienzo de un ataque de los drakkarim y cuando te oyen gritar un santo y seña erróneo pierden los nervios. ‘¡Ataque!’ gritan, alertando a un destacamento de arqueros apostados a más altura a sus espaldas. Los arqueros aprestan sus armas y apuntan, pero tú eres el único objetivo que pueden ver.
Te atraviesan innumerables saetas y una terrible explosión de dolor llena tu pecho. Estás mortalmente herido y aunque pugnas por aferrarte a la vida, ésta es una pelea en la que no podrás vencer.
Tu vida y tu búsqueda concluyen aquí.
