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Los jinetes talestrianos detienen sus caballos y te observan con suspicacia. Su oficial desenvaina la espada y exige conocer tu nacionalidad y el nombre de tu regimiento. Replicas en su lengua nativa que eres un rastreador eruano y una sonrisa se extiende lentamente por su rostro curtido. Te dice que él y sus hombres son batidores enviados para asegurarse de que los montes se hallan libres de soldados enemigos. Tu sexto sentido del Kai te confirma que es sincero y, cuando se brinda a llevarte para que conozcas a su comandante, aceptas de buen grado.
