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El oso conoce bien el bosque, sus tesoros y sus peligros. Sigues cuidadosamente sus huellas entre los pinos hasta llegar al borde de una profunda garganta desde donde desciende suavemente un sendero hasta la orilla de un río rápido. En el espumoso torrente, como gigantescos estriberones, se alzan peñas enormes, alisadas por siglos de erosión. Al otro lado del río se extiende un nuevo bosque, sombrío y amenazador. Aunque el sol quema en un cielo despejado y el aire es cálido y seco, sobre los árboles de ese bosque se cierne una niebla gris, pesada y fría.
A lo largo de toda esta orilla crecen matas herbosas de brillantes flores rojas. El oso arranca de un zarpazo los rojos pétalos y los mastica satisfecho mientras te hace un gesto de despedida y se vuelve al bosque.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Medicina, pasa al 276.
Si no tienes esa destreza, pasa al 325.
