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Las dos figuras profieren una siniestra maldición y lanzan al aire sus esferas amarillas. Estas ascienden cada vez más altas hasta desaparecer por completo en la humareda que llena el aire. Los soldados de Palmyrion, ansiosos de atacar al enemigo, desenvainan sus armas y se lanzan hacia adelante. Pero antes de que alcancen a los drakkarim, caen sobre ellos con efecto devastador las dos esferas amarillas.
