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Segundos después de abandonar la zanja silba otra lluvia de flechas mortales y te ves obligado a refugiarte allí para no ser alcanzado. Cuando te alzas de nuevo ves a tu caballo encabritado, que agita frenéticamente en el aire sus patas delanteras. Una saeta le ha atravesado el cráneo y contemplas cómo se desploma sin vida sobre el barro.
Los restantes caballos sin jinetes están también muertos o han huido del campo presa del pánico. Como no tienes otra opción, sales del barro y vas tras el Príncipe a pie.
