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Arrancas el amuleto de la mano sin vida de Roark y luego te vuelves para enfrentarte con Tagazin. Sientes que fluye una energía entre el amuleto de Roark y el que cuelga del cuello del Señor de los Demonios y empleas ese puente energético para rechazar a tal ser.
Tagazin se estremece cuando tus órdenes psíquicas le privan de su fuerza sobrenatural. Su cuerpo palidece hasta tornarse casi transparente y volutas de humo brotan de su piel como si se evaporase lentamente. Se retira hacia el centro del templo y salta al bloque de mármol. Lanza desde allí un alarido pavoroso y de repente la sombría estancia queda bañada en una luz cegadora. Resuenan truenos y vibran los muros. Aterrados, los seguidores de Roark huyen del templo escalera arriba. Del bloque de mármol parten zigzagueantes rayos de luz blanca que arrancan grandes pedazos de roca de las paredes, y el aire se carga de un hedor que amenaza sofocarte. Con el corazón rebosante de terror remontas los peldaños y escapas mientras el espíritu derrotado del Señor de los Demonios da en la cámara rienda suelta a su despecho.
