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Tu caballo asciende estoicamente por la difícil vereda que parte del valle hacia las cimas. Esperas divisar tu destino desde un farallón, pero el espeso follaje oculta casi por completo lo que hay más allá. La espesura de árboles y matorrales reduce la visibilidad a menos de doce metros.
Comprendes que se trata del ambiente perfecto para la lucha de guerrillas y por qué con tanta eficacia han logrado Sebb Jarel y los suyos acosar y rehuir a los Drakkarim durante dos años. Más allá, y en el propio sendero, encuentras las funestas reliquias de una de sus emboscadas: veinte cabezas de Drakkarim, aún con cascos de negro hierro, empaladas en una fila de estacas. Un terrible augurio para cualquier Drakkar que pretenda seguir adelante.
Sientes hambre y antes de continuar has de consumir una Comida o perder 3 puntos de RESISTENCIA.
