31
Te precipitas entre los árboles y la densa maleza. Los terribles aullidos de los akataces resuenan cada vez más próximos en tus oídos. Los pinos parecen clarear y, tras dejar atrás unos altos matorrales, descubres que el bosque concluye de repente al borde de una abrupta garganta. Te detienes en seco y contemplas el río que corre rápido a unos 30 metros de profundidad.
Un gruñido, peligrosamente cercano, te obliga a girar sobre tus talones. Contemplas a una veintena de horribles perros que ya reptan dispuestos a matarte.
Si deseas quedarte aquí y pelear contra los akataces, pasa al 81.
Si prefieres rehuirles, lanzándote a la garganta, pasa al 340.
