309
Cuando despachas al último de los anfibios, Jarel empuña los remos y comienza a bogar con todas sus fuerzas. Pero habéis cubierto una distancia muy corta cuando tras un fuerte crujido asoma por el fondo del bote una estaca aguzada. La pequeña embarcación se agita con violencia mientras un chorro de agua se alza de las destrozadas planchas. Entonces, y de repente, la lancha zozobra y te ves lanzado de cabeza al fangoso río.
Una mano palmeada se apodera de tu pierna (pierdes 2 puntos de RESISTENCIA), pero pateas salvajemente y escapas a su sujeción. Libre del invisible atacante, nadas con fuerza hacia la orilla meridional y te arrastras helado y tembloroso por el barrizal de la margen.
