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El cristal estalla entre un relámpago cegador, descargando un rayo de energía semejante a la solar, que abre un enorme agujero en la plancha de hierro de treinta centímetros de grosor y transforma el resto en escorias al rojo vivo. La explosión ha hecho vibrar el suelo. Caen en torno de ti fragmentos de metal semi-fundido. Cuando aún no se han extinguido en el barranco los ecos del estruendo, oyes gritos de júbilo mientras la vanguardia del ejército de Adamas irrumpe por el puente natural hacia la puerta destrozada.

